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“ENSOÑACIÓN”Para mi madre .
Llegué al mundo entre dos pálidas piernas, dos temblores dos palomas de mi madre primeriza y huérfana a su vez de madre (una abuela que fué retrato para siempre sobre una cómoda muy alta), arribé llorando en Abril y en mitad de la noche aterrizando en un rincón, de la (localidad al más completo sur del planeta elegido por Jesús), crecí y tuve un hermano, tuve celos que me hicieron mendigar caricias y consuelo robado, entre las faldas de las amigas de la familia. Pronto tuve, más hermanos entre los vecinos de mi edad, esos amigos del grito y la tardanza, y no supe de otras cosas que no fueran la risa, los regaños la plaza con dos cañones y sus juegos, despojados de niños que habían hamacado, y su triunfo elevado en el columpio y la alegría descendiendo hacia dos brazos y el amor sin condiciones. Tuve un libro de versos triste y serio como un viejo olvidado. Tuve un calendario cementerio: cada día una cruz. Tuve jázmines prometidos una escenografía de laureles y postigos, los perros todo el día. Es que mal o bien yo me había enamorado y mi corazón, cobarde se pegó una tarde gris en la sien: no pudo resistir golpeando tanto latido sin mujer. Allá en lo alto las ramas de los árboles detuvieron su vaivén como susurros espantados, entró por la ventana una brisa de secretos, una angustia de espejos que se caen, y grandes extensiones furiosas se disputaron mi párpado y mi labio. Y dejé aquella soledad de cielorraso y cenicero; dejé la puerta abierta, el caserón gritando que lo han abandonado. Las rejas de mi barrio herían el alba y mi voz
enumerando desalientos: acaparé a la luna en los umbrales donde el silencio amanecía, y en un arrabal de madruga la poesía me asaltó y me besó con miedo las pupilas, y anduve ciego por las riberas incendiadas tajeándome el olvido con un puñal nocturno en las muñecas, y ya no pude entonces detener la sangre luminosa agolpándose asombrada en un pañuelo: descubrí un palacio altas bóvedas del alma! Fuí músico Y me embargaron la Biblia, aprendí a amar a Dios y me quemaron el pentagrama, dije que había visto al diablo y me cerraron las iglesias. Tuve una historia una novia, un cuento que hoy crece como árbol de hojas rosas. Tuve colectivos, nubes y gorriones las bicicletas, los diarios cortinas de almacén, portones y rompeportones nueces y brazas, cociné mi Navidad al resplandor de una estrellita. Tuve muros de ladrillos días de pomada, campanarios cedros azules y violines, vino borgoña corbata roja vestidito blanco. Tuve un árbol caído una verde “Cañada” (Cañada de Gómez) mi abuelo y su jopo sepultados en Varela. Tuve los tejados rojos lluvia con sol trébol y rocío, Témperley Suárez y Liniers adoquines y caballos el tren, pinos y edificios. Tuve casamientos y velorios manos levantadas, aeropuertos Mayo dorado, fuego en el cielo. Tuve poemas y mate truco, chorizos ligustrinas podadas, siesta en domingo la paz sea contigo novias y glorietas, fogatas de hojas secas,y un mendigo mirando el año nuevo. Tuve, como olvidarlo! una mujer de ojos perseguidos, también nacida al más completo sur del planeta olvidado por Jesús, con su espalda y espesa cabellera contorsionándose como un ángel apresado entre mis brazos, y en una hoja de eucalipto ( a lo largo de toda una nervadura) ví, una tarde a la savia festejando su ascensión desde la tierra. Mi boca fué un infierno de emociones que como un ariete me dió en mitad del pecho restallando la abundante ensoñación de volver a enamorar una catedral una mujer que a campanadas se brindaba. En mis manos tuve el viento, sinfonía que despeina y más lejos el horizonte un reclamo un destino. SERGIO A. SCHIAVINI
Poemas Que conformarán su nueva obra. |