SERGIO ANDRÉS SCHIAVINI


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“ENSOÑACIÓN”

Para mi madre .

 

 

 

Llegué al mundo entre dos pálidas piernas,

dos temblores dos palomas

de mi madre primeriza

y huérfana a su vez de madre

(una abuela que fué retrato para siempre

sobre una cómoda muy alta),

arribé llorando en Abril y en mitad de la noche

aterrizando en un rincón, de la

(localidad al más completo sur

del planeta elegido por Jesús),

crecí

y tuve un hermano, tuve celos

que me hicieron mendigar caricias y

consuelo robado, entre las faldas

de las amigas de la familia.

Pronto tuve, más hermanos

entre los vecinos de mi edad,

esos amigos del grito y la tardanza, y

no supe de otras cosas

que no fueran la risa, los regaños

la plaza con dos cañones y sus juegos,

despojados

de niños que habían hamacado,

y su triunfo elevado en el columpio

y la alegría descendiendo

hacia dos brazos y el amor sin condiciones.

Tuve un libro de versos

triste y serio

como un viejo olvidado.

Tuve un calendario cementerio:

cada día una cruz.

Tuve jázmines prometidos

una escenografía de laureles y postigos,

los perros todo el día.

Es que mal o bien

yo me había enamorado

y mi corazón, cobarde

se pegó una tarde gris en la sien:

no pudo resistir

golpeando

tanto latido sin mujer.

Allá en lo alto

las ramas de los árboles

detuvieron su vaivén

como susurros espantados,

entró por la ventana una brisa de secretos,

una angustia de espejos que se caen,

y grandes extensiones furiosas

se disputaron mi párpado y mi labio.

Y dejé aquella soledad

de cielorraso y cenicero;

dejé la puerta abierta,

el caserón gritando

que lo han abandonado.

Las rejas de mi barrio

herían el alba

y mi voz

un solo canto

enumerando desalientos:

acaparé a la luna en los umbrales

donde el silencio amanecía,

y en un arrabal de madruga

la poesía me asaltó

y me besó con miedo las pupilas,

y anduve ciego por las riberas incendiadas

tajeándome el olvido

con un puñal nocturno en las muñecas,

y ya no pude entonces detener

la sangre luminosa

agolpándose

asombrada en un pañuelo:

descubrí un palacio

altas bóvedas del alma!

Fuí músico

Y me embargaron la Biblia,

aprendí a amar a Dios

y me quemaron el pentagrama,

dije que había visto al diablo

y me cerraron las iglesias.

Tuve una historia

una novia, un cuento

que hoy crece

como árbol de hojas rosas.

Tuve colectivos, nubes y gorriones

las bicicletas, los diarios

cortinas de almacén,

portones y rompeportones

nueces y brazas,

cociné mi Navidad

al resplandor de una estrellita.

Tuve muros de ladrillos

días de pomada,

campanarios

cedros azules y violines,

vino borgoña

corbata roja

vestidito blanco.

Tuve un árbol caído

una verde “Cañada” (Cañada de Gómez)

mi abuelo

y su jopo sepultados en Varela.

Tuve los tejados rojos

lluvia con sol

trébol y rocío,

Témperley

Suárez y Liniers

adoquines y caballos

el tren, pinos y edificios.

Tuve casamientos y velorios

manos levantadas, aeropuertos

Mayo dorado, fuego en el cielo.

Tuve poemas y mate

truco, chorizos

ligustrinas podadas,

siesta en domingo

la paz sea contigo

novias y glorietas,

fogatas de hojas secas,y

un mendigo mirando el año nuevo.

Tuve, como olvidarlo!

una mujer de ojos perseguidos,

también nacida al más completo sur

del planeta olvidado por Jesús,

con su espalda y espesa cabellera

contorsionándose

como un ángel apresado entre mis brazos,

y en una hoja de eucalipto

( a lo largo de toda una nervadura)

ví, una tarde a la savia festejando

su ascensión desde la tierra.

Mi boca fué un infierno de emociones

que como un ariete me dió en mitad del pecho

restallando

la abundante ensoñación

de volver a enamorar

una catedral

una mujer

que a campanadas se brindaba.

En mis manos tuve el viento,

sinfonía que despeina

y más lejos

el horizonte

un reclamo

un destino.

SERGIO A. SCHIAVINI

 

 

Poemas Que conformarán su nueva obra.