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A UN AÑO DE TU MUERTEPara SERGIO y su FAMILIA (a quienes nunca tuve la suerte de conocer) (Jesús dijo: NO MATARÁS)
NO MATARÁS
Hoy, al asomarme sobre el muro de mi casa,ví una rosa. Roja, caprichosa, que asomaba. Era Octubre y por su tallo, la vida le llegaba. Era una gran gota de sangre soberbia, coqueta, alta, inalcanzable. Pero al mismo tiempo, detestable por la distancia que de mí, la separaba. Hice todo lo posible por asirla o sacarla de su tallo, contacto ineludible de su vida. Ya al alcance de mi mano me dí cuenta que la maldad no me forzaba, sólo deseé que fuera mía. Sentíame tentado de robarla y miré a mi alrededor recelando de que álguien me mirara. Percibí por un momento su perfume ¡ y también un movimiento!- pero nó- solo fue el viento. Estira tu brazo-me dije- será un segundo tengo mi cuerpo, mi mente en blanco y la arranco de su mundo. Al ver su sangre en mi mano derramada me arrepentí, pues comprendí que de haber podido hablar me hubiera dicho: Pero,¿ que hiciste? ¿ no te das cuenta que por tenerme me perdiste? ¿y que ya no verás más de madrugada la rosa que tanto tú deseabas? ¿y que harás al recordar que no me tienes? ¿Llorarás? ¿Es lo que quieres? Date cuenta que hermosa que es la vida y a pesar de ello reconozco que no es justa, mas déjame vivir, que a mí me gusta. ¿Y que harás ahora con mi cuerpo? ¿Lo tirarás al olvido? ¿ O serviré en un libro, de recuerdo? ¡QUE INCONCIENCIA! ¿NO TE DÁS CUENTA QUE EN TU PECADO ESTÁ LA PENITENCIA? -Sí- de haber podido hablar todo eso hubiera dicho. Mas tarde comprendí que no solo su color y su fragancia yo mataba, sino el amor de quién hubo de cuidarla. MARCELO.
Sra. El mundo está distraído en estos momentos, atento a la política, la bolsa de valores (¿valores?), o la “estrellita” de turno. Pero sepa que su cruzada no es una tarea imposible, en tanto álguien comprenda su dolor. Yo no conocí a su hijo. Yo no la conozco a Ud. Pero mi corazón se niega a creerlo. Tengo dos hijas ( 12 y 4 años), aunque cuando digo “tengo” quiero decir que Dios así lo permite. Su mensaje en el que cuenta sus experiencias sobre lo sucedido a su amado hijo, me abrió una herida en el alma que jamás cerrará.Espero que haya mas personas que piensen así, sino todo estaría perdido. Hice fotocopias de sus escritos y de los poemas de Sergio, los considero bellísimos y los repartí en el colegio San Albano al cual concurren mis dos hijas y del que soy ex alumno. Usted dice bien cuando dice: que sabe nadie de mi dolor, y es cierto, nadie más que usted y solo usted puede conocer la inmensa pena de perder un hijo. Aunque me animo a decirle, y con todo respeto,que si su dolor es tan grande como el amor que siento por mis hijas, lo comprendo. Atte. MARCELO.
Esta es una carta que apareció un día debajo de mi puerta, un ser anónimo que nunca conocí y que se animó a escribirme estas hermosas palabras, a él todo mi agradecimiento. María Teresa Schnack , madre de Sergio Andrés Schiavini.
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